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24 de julio de 2026Mochi

De la rambla a la nieve: Mi historia como uruguayo trabajando en Trysil, Noruega

De la rambla a los Alpes noruegos: la historia de cómo sobreviví al frío escandinavo, la barrera del idioma y el choque de culturas sin perder la costumbre del mate.

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De la rambla a la nieve: Mi historia como uruguayo trabajando en Trysil, Noruega

Hay decisiones que tomás con la cabeza y otras que tomás por pura curiosidad. Cambiar el mate mañanero mirando el mar por las montañas congeladas de Escandinavia fue, definitivamente, de las segundas. Un día estaba tranquilo en Uruguay y, al otro, estaba aterrizando en Trysil, un pueblito de cuento en el interior de Noruega famoso por sus pistas de esquí, sus bosques interminables y un frío que te cala los huesos.

Acá te cuento cómo fue tirarme al agua (con hielo) y sobrevivir al choque cultural.

El inglés "de liceo" vs. la realidad Si hay algo que aprendés rápido cuando viajás solo, es que el inglés que practicabas en la cabeza no es el mismo que habla la gente en la vida real.

Yo pensaba que venía bastante bien. Con el "thank you", el "where is the bathroom?" y un par de frases de series pensaba que la llevaba piloteada. Grave error.

Llegar a Trysil y ponerme a trabajar significó enfrentarme de golpe a jefes que hablaban a mil por hora y a turistas escandinavos con un nivel de inglés tan perfecto que daba envidia. En los primeros días mi cerebro entraba en cortocircuito:

Sonreía y asentía con la cabeza rezando haber entendido la orden.

Usaba las manos más que en un partido de fútbol picado.

Buscaba palabras en el aire mientras me venía el "trancazo" mental.

Pero si algo tenemos los uruguayos es que nos la rebuscamos como sea. Con el paso de las semanas la vergüenza se me fue pasando. No te digo que termine hablando como Shakespeare, pero entendí que para hacerte entender no necesitás un vocabulario perfecto, sino perder el miedo a equivocarte.

Trabajar en Trysil: Entre pinos, nieve y mucho mate Trysil no es una gran ciudad con ritmo acelerado; es puro silencio, nieve y naturaleza salvaje. Acostumbrarse a trabajar a temperaturas bajo cero fue todo un tema, pero la paz que se respira ahí no la encontrás en ningún otro lado.

El choque social también se sintió. Los noruegos al principio pueden parecer un poco distantes o reservados (muy diferente a nuestro calor de juntarnos a charlar con cualquiera). Sin embargo, una vez que rompes la primera barrera, te das cuenta de que son personas increíbles: súper respetuosas, organizadas y bien predispuestas a darte una mano.

Momento clásico del día: Sacar el termo y el mate en la pausa del trabajo. Explicarle a un noruego o a un europeo qué era esa "hierba verde" con agua hirviendo dentro de un recipiente raro fue la conversación obligatoria de todas las semanas.

Lo que me llevo de esta locura Mirando hacia atrás, irme a trabajar a Noruega fue una de las mejores decisiones de mi vida. Me enseñó a ser mucho más independiente, a perderle el miedo a no dominar un idioma y a adaptarme a un estilo de vida totalmente opuesto al mío.

Si estás pensando en dar un salto parecido, solo te digo una cosa: animate. La nieve congela los pies al principio y el idioma cuesta, pero la garra para salir adelante la llevamos a todos lados.

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